"¿Cuál es tu relación ideal?" -me preguntó San Román, sin decir "agua va". No supe qué responder. Sé perfectamente cuál es mi relación ideal, pero no supe si debería saberlo él. Me acordé que la otra vez escribí sobre las relaciones ideales, de que tengo con él, con Mafka, con mi madre, con mis amigas.
San Román se ha ido y ha regresado unas cuantas veces, pero más son las que se ha quedado aquí, conmigo. No solemos pelear, y cuando eso sucede, no aguantamos más de un par de días sin hablarnos. No sé si es la relación ideal, pero somos felices. Histéricos, enojones, medio grinches y con buen apetito. A veces pienso que el verdadero amor es ese: el que tiene una persona por otra, aún cuando la conoce de cabo a rabo.
Los chicos se van, las chicas también. Algunos no regresan más, pero a otros les gusta hacer sus apariciones. Suelo afirmar con mis amigas que los hombres siempre vuelven, el chico reportero, el de la cámara, el más ocupado de la Ciudad, el chico publicista, el reportero amigo de mi hermano; y en contra de todos los pronósticos, Mafka recibió un mensaje el finde pasado. El chico de Cocoyoc le escribió en una noctámbula desesperación, y de alguna u otra forma volvió.
Los hombres vuelven, con ayuda o sin ella, siempre lo hacen. La última vez que mi padre volvió, ya no se fue, y hoy tomé un Starbucks con él. Rey Sol y yo, encontramos la manera de que no importara si se iba, si yo no quería que regresara, o si no volvía más. Rey Sol y yo seguimos, como desde el primer día. A eso le llamo ganas y valor. Madurez de mi parte, paciencia de la suya. Comprensión de ambos.
Aún con todo eso, los hombres no cambian y nunca lo harán. De hecho nosotras tampoco lo hacemos, la diferencia está en que podemos poner muchísimo de nuestra parte, y hacer que el contexto tenga matices.
Tenía que ser domingo, para recibir un mensaje sin remitente. Luego de 45 minutos supe que era el chico de la cámara, su pésima ortografía lo delató una vez más. Ayer fue el chico más ocupado de la Ciudad. Y hace rato fue San Román, que fingió demencia: "han pasado muchas horas y varios días, por eso te llamé". Todos vuelven, pero no cambian.
Si tengo ganas -léase voluntad-, las cosas funcionarán. Mis ganas de estar con el bolero de Ravel todavía no se vuelven desesperación. Mi novio de la preparatoria volvió muchas veces, e hice que volviera el abogado aquel. También me confieso culpable de haber fometado algunos encuentros, la mayoría quizá. No me da miedo coger el teléfono y marcar desesperadamente, pero ahora no cometo el mismo error dos veces.
Sin remitentes, llamadas, mensajes, correos electrónicos, algunos pretenden volver y no me interesa más. De cualquier forma nunca cambian. Me cansé de los desamores que duelen.
Lo bueno tarda. El empleo llegará, el orgasmo será color amarillo o azul turquesa, y me enamoraré de aquel chico aún cuando estaré segura de que no cambiará. Qué más da. Lo bueno que no será un segundo encuentro, todo será original y nuevo. No habrá daños a terceros gracias a la memoria histérica, es más, fingiré no saber.
Y del publicista no supe más. Me acordé mucho de él, busqué su número pero ya no funciona. La mejor distancia es la mayor. No recuerdo cuántos años debe tener ahorita, su hija quizá diez, y el niño unos trece. Yo casi 26, y todavía no me habrá alcanzado.
¿El reportero será feliz? No pido que cambie, pero sí un poquitín que vuelva. Me cansé de los desamores que huelen.
(¿Ya escuchaste Con lo que eso duele?)
2 comentarios:
¿? Algunos no regresan más, pero a otros les gusta hacer sus apariciones. Yo volví, no soporté la idea de irme sólo para estudiar más de lo que debía. Gustaso volverte a leer Mariposa. Besos.
Lo malo son los que aparecen cuando uno de veras ya los dio por muertos... igual alimentan el ego.
No la habia escuchado pero ahorita voy a buscarla al youtube.
Besos!!!
TQM
Publicar un comentario