Me despertó un dolor en la mandíbula, un hormigueo en la espina dorsal, un "rechinido" en las muelas del juicio, y el dolor de siempre sobre los hombros y en la cintura. Me despertó, como hacía mucho no lo hacía, una crisis de ansiedad. Ni modo. Prendí la radio. Estaba el comentario de Domínguez Muro. Intenté levantarme lo más rápido que pude, pero no pude. Quería, pero no podía. Me dí vueltas. Olvidé que anoche sí alcancé a vestirme.
Y de pronto, ahí estaba. Mi cara de malestar general, mi cara de "no quiero nada", mi cara de "no sé qué es lo que tengo que hacer". La llanta rota, el examen resuelto, el ensayo que no termino, la carta que no sé cómo concluir, la mensajería que tengo que pagar, mi lista de pendientes -y de deudas-, que poco a poco comienza a ser interminable. Mi madre enferma, las noches que no me dejan dormir, este cansancio que se me acumula detrás de los hombros, este calor que no sé qué es lo que me provoca; la nariz tapada, las ronchitas alrededor de los labios y los ojos, la maldita primavera que con sus pajaritos y toda su cosa verde viene a hacerme estornudar.
Ya me había olvidado que podía alterárseme el pulso de la mano derecha, pero en la tarde lo recordé. Me dio un tanto de pena, un poco de "no me interesa", y como pude terminé de comer. Son cosas que no se pueden ocultar. Puedo llegar como si nada, sin que nadie sepa que tuve una crisis al despertar, pero si el pulso me traiciona, como lo hizo haciendo que el bocado casi se me callera del tenedor, no puedo hacer como si no pasara nada.
Después, este apetito incontenible. Ganas de comer, de comer todo, de todo, a todas horas, en todo momento, en todo lugar. De pronto me da un hambre terrible, que la única manera que se me ocurre para controlarla, es saliendo a caminar. Debe ser ansiedad manifestada de otra forma, de otra manera, no le encuentro motivo. Si empiezo a comer, de pronto no puedo parar, ¿qué me pasa? Debería intentar comer otras cosas, probar otros sabores, hacer como si siempre fuera sed, y no parar de beber agua nunca.
Siento que estamos llenos de epidemias, de enfermedades, de otras epidemias que ni siquiera se preocupan por contener. Todo el mundo anda con el cuerpo cortado, con infección en los oídos o conjuntivitis. Ya van varias personas que sé, que como yo, también tuvieron dolores en los riñones. Me parece que los virus andan por todos lados, sin saber siquiera su propósito en el ambiente. Me parece que la ansiedad, debería ser un gran problema nacional.
Y de pronto, ahí estaba. Mi cara de malestar general, mi cara de "no quiero nada", mi cara de "no sé qué es lo que tengo que hacer". La llanta rota, el examen resuelto, el ensayo que no termino, la carta que no sé cómo concluir, la mensajería que tengo que pagar, mi lista de pendientes -y de deudas-, que poco a poco comienza a ser interminable. Mi madre enferma, las noches que no me dejan dormir, este cansancio que se me acumula detrás de los hombros, este calor que no sé qué es lo que me provoca; la nariz tapada, las ronchitas alrededor de los labios y los ojos, la maldita primavera que con sus pajaritos y toda su cosa verde viene a hacerme estornudar.
Ya me había olvidado que podía alterárseme el pulso de la mano derecha, pero en la tarde lo recordé. Me dio un tanto de pena, un poco de "no me interesa", y como pude terminé de comer. Son cosas que no se pueden ocultar. Puedo llegar como si nada, sin que nadie sepa que tuve una crisis al despertar, pero si el pulso me traiciona, como lo hizo haciendo que el bocado casi se me callera del tenedor, no puedo hacer como si no pasara nada.
Después, este apetito incontenible. Ganas de comer, de comer todo, de todo, a todas horas, en todo momento, en todo lugar. De pronto me da un hambre terrible, que la única manera que se me ocurre para controlarla, es saliendo a caminar. Debe ser ansiedad manifestada de otra forma, de otra manera, no le encuentro motivo. Si empiezo a comer, de pronto no puedo parar, ¿qué me pasa? Debería intentar comer otras cosas, probar otros sabores, hacer como si siempre fuera sed, y no parar de beber agua nunca.
Siento que estamos llenos de epidemias, de enfermedades, de otras epidemias que ni siquiera se preocupan por contener. Todo el mundo anda con el cuerpo cortado, con infección en los oídos o conjuntivitis. Ya van varias personas que sé, que como yo, también tuvieron dolores en los riñones. Me parece que los virus andan por todos lados, sin saber siquiera su propósito en el ambiente. Me parece que la ansiedad, debería ser un gran problema nacional.
3 comentarios:
Mi querida Mariposa, te leo estresada, respira y resuelve un problema a la vez, más no se puede.
Te dejo un gran abrazo y espero que todo mejore.
Bueno presente, con la infeccion en el oido, creo que si hay dias bien dificiles y por alguna razon muchos los estamos viviendo ahora, me pasa eso de no poderme levantar por las mañanas y que me afecta la primavera y el aroma de verano, creo que necesitamos mas paz en el mundo y poder disfrutarlo mas agusto, creo que tienes estres y cansancio me gustaria alivianarte con un buen chiste aunque mi humor hoy anda muy negro aun asi sabes que te quiero y que todo como siempre saldra bien o al menos mejor de lo que ahora esta te quiero mariposa un gusto volver a leer-te
zaba zantcher
Tranquila! Es lo mejor que puedo decirte.
Incluso, conforme voy leyendo siento que las letras me corretean... Date un respiro Mariposa, pareciera que no hay tiempo para tenerlo pero lo hay. Te mando un gran y enorme beso y espero que todo eso que te trae tan preocupada al final sea todo lo que te relaje. (:
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