miércoles, 11 de octubre de 2017

O de octubre, O de otoño...

Soñe, por fin volví a soñar... Yo estaba en uno de mis antiguos departamentos donde vivía sola, hacía mucho que no me soñaba ahí, y de pronto tu llegabas normal, como si llegaras siempre, te abría la puerta y dejabas tus cosas, y nos poníamos a platicar, cuando de repente me decías, "te voy a hacer el amor", yo me quedaba extrañada, no te creía, para mi era una cosa normal... el asunto es que te quitabas del cuello los audífonos, me los ponías y empezabas. La sensación fue muy fuerte, porque te veía pero no entendía lo que decías, no podía escucharte, y con certeza no sé qué música era, pero la escuchaba, tu estabas en silencio, pero yo no. Me besabas, me estrujabas, me desvestías, y lo conseguías. Como que no había sido una advertencia, sino una anunciación. Me tomabas con tal intensidad, con ganas, con deseo, no sé bien como explicarlo y no le quiero dar vueltas porque siempre se me olvidan los sueños muy rápido, el asunto es que fue una sensación super fuerte y me desperté.
Tenía el cuello y el cabello húmedos de sudor, me moría de calor, y cuando me levanté tenía mucho frío. Fui al baño, eran las 2 y tantas de la mañana, regresé a mi cama y ya no me pude dormir. Fue tan fuerte que hasta me asusté, pensé que estabas aquí. El sueño me venció a las 4 de la mañana y el resto de la historia del martes ya te lo sabes.

Y gracias, por venir aunque no te tenga aquí.

martes, 25 de abril de 2017

Doce meses de vida, doce meses de felicidad.


Se dice que la vida cambia radicalmente cuando nos convertimos en padres, y es verdad. Lo que nunca se advierte es de qué forma la vida va a cambiar. En nuestro caso, el nacimiento de nuestro hijo nos colmó de alegría frente a la adversidad de la enfermedad terminal del papá de mi pareja, y nuestro hogar se inundó del sentimiento de haber vivido la experiencia más sobrecogedora de nuestras vidas. Días después experimenté un profundo dolor físico y emocional, que los médicos adjudicaron al descenso hormonal en mi sistema; y al paso de los días a mi pareja a mi nos llegó un fuerte cansancio que se alargó por varios meses. Mientras eso sucedía, vimos a nuestro hijo crecer, mi pareja vio a su padre morir; y cuando creíamos que todo el maremágnum que significa el nacimiento de un primogénito había pasado, al cumplir tres meses de edad nuestro hijo enfermó de gravedad.

Hay cosas que no recuerdo bien, estuvimos atentos a los procesos médicos en los hospitales en los que el bebé estuvo internado, tuvimos que hacer muchos trámites burocráticos porque tuvimos la fortuna de ingresar a una institución de tercer nivel de la Secretaría de Salud, y no recuerdo con certeza cuántos días pasé sin dormir velando por mi bebé en la sala del hospital, mientras mi pareja iba y venía a casa para descansar un poco y poder irse a trabajar. Fueron momentos muy difíciles que desearía que nadie viviera jamás, y sin embargo fueron también momentos de plena felicidad y de reflexión acerca de haberme convertido en madre.

De ese tiempo a esta parte han pasado nueve meses, el bebé se convirtió en niño y lo declararon completamente sano. Durante este tiempo, mi pareja y yo hemos tenido la oportunidad de compartir nuestra experiencia, y sobre todo, hemos comprendido que a pesar de los tiempos tan difíciles que vivimos cuando el bebé nació, hemos sido completamente felices. Durante los procesos hospitalarios conocimos a familias que pasaban por situaciones aun más complejas que la nuestra, y a pesar de ello nos enseñaron que todo estaba bien y que la felicidad se cuenta más allá de las circunstancias que la vida nos pone enfrente.

Mi hijo ha cumplido un año ya. Con todo lo bueno y a pesar de todo lo malo, yo he cumplido doce meses de vivir en plena felicidad.

jueves, 5 de enero de 2017

PaulinaFE

No tienes idea de cómo me alimenta hablar contigo.
No estoy segura de que debas saberlo, quizá debería guardarme este secreto como me he guardado muchos más.
Leerte y escucharte son un oasis en mi desierto. Por mucho, mi vida es tranquila y en lo más esencial está resuelta, pero se ha vuelto muy aburrida. Y es entonces cuando añoro lo que no tengo, extraño lo que no fue, me hace falta tenerte porque no sé cómo es estar contigo. Esta tarde me quedé dormida pensando que te abrazaba, y al despertar y darme cuenta de que estaba sola en mi cama, pensé que habrá un día en que lo pueda hacer, claro si tú me lo permites. 
De algún modo tengo que parar, pues no puede ser que estas ilusiones me alimenten. Trataré de llenarme de cosas más tangibles. Sólo quería escribirte otra vez, pero creo que no lo volveré a hacer, pues no quiero que te vayas.

martes, 22 de noviembre de 2016

22 de noviembre de 2016.

Le doy vueltas y vueltas y no le veo para donde pudo haber ido esta historia, más que para este final.

Ahora que mi hijo tiene varicela, me acuerdo de cuando me dio varicela a mi y te tocó llevarme al doctor, me dio en tu casa, en donde no querías que yo estuviera. No entiendo qué tanta mierda pasó tantos años por mi cabeza, para haber regresado a tu lugar tanto tiempo, tantas veces. Alguna vez escuché a una mujer decir que ella en cada ruptura tenía que poner a los océanos de por medio, y se iba. Ahora pienso que yo tuve que poner a mi hijo frente a mi, para protegerme de ti, para saber que no tenía que volver a donde tu estás.
Como lo escribí en mi última carta, maduré muy cabrón y el límite tardó mucho en llegar, pero afortunadamente llegó para siempre.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Me gusta que su voz llegue al mismo tiempo que la lluvia.

Casi no podemos recordar cómo fue que nos conocimos, cómo coincidimos y cómo nos vimos por primera vez. A pesar del placer que nos ha traido

Desde aquí, desde donde parece que vivimos en países pequeños, desde donde la lluvia cae a destiempo, desde donde Cé... yo lo amo.

Gracias.

viernes, 24 de abril de 2015

No te olvidaste del centro de mi corazón.

No recuerdo mucho, le dije, luego del tiempo de ruptura de hace unos tres años y medio, me prometí no recordar cualquier cosa y me propuse hacerme de una nueva memoria.
Nos vimos, me dijo, una última vez en el Franz Mayer. No lo recuerdo, me disculpé. En mi afán de atar detalles y construirme un recuerdo, le pregunté ¿qué era lo que traía puesto? Unos jeans y una camiseta blanca. Reí, reí mucho... Definitivamente era yo, le dije, jeans y camiseta blanca es siempre mi elección favorita.

Seguí riendo. Conversamos cerca de noventa minutos más. Estoy complacida de que me haya escuchado con detenimiento. Estoy contenta de haber decidido ponerle atención.

Pasé una noche sumamente amable y pude dormir bien. Desperté temprano, contenta, me alisté y salí de casa. Poco a poco comencé a pensar en todas las cosas que dijimos anoche, volví a reír, estoy notablemente contenta.

Escuché su voz después de muchos años, y parece que no ha pasado el tiempo. En un momento sentí como si nos hubiéramos quedado parados en el mismo sitio de la línea del tiempo, pero en diferente espacio. Recordé los lugares, la Facultad, los pasillos del edificio en el que estudiábamos, las personas, sus gestos, la risa y sobre todo recordé el olor a cigarro encendido. Volví a escuchar las canciones que cantábamos, y me inventé los nuevos olores que ahora nos pertenecen.

No puedo correr, no lo quiero hacer, ni lo sé hacer. Ya se me olvidó cómo se hace todo esto -es real. También es real que quiero aprender. Siento, no sé, en el centro de mi corazón, que quizá quieras aprender conmigo.

viernes, 27 de febrero de 2015

Seis de diciembre, 2014.

A veces siento que  muchas cosas llegaron muy pronto a mi vida, y que no fui hábil para manejarlas, me faltaba aprender cómo hacerlo... por eso no las pude aprovechar, por eso no sobresalí.
De pronto me doy cuenta de que me han presionado mucho para hacer cosas que ni siquiera estaba segura de querer hacer...