viernes, 30 de agosto de 2013

Tienes razón

Hola.
Tomé el autobús, todo bien. Después de comer me quedé dormida.

Cuando desperté, abrí los ojos con una sensación fea, extraña, que venía desde el fondo de mi garganta.
Me di cuenta de que tienes razón: no soy de piedra, no somos de piedra.

Otra vez esta sensación de haberme quedado sin decirte muchas cosas, de haberme despedido antes de tiempo, con prisa, sin haber dicho todo lo que debía decirte.

¿Qué nos pasa?

Tienes razón, ni deberíamos vernos. Tienes razón, no soy de piedra.

Te extraño.

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