viernes, 3 de noviembre de 2017

Me llamo Rocío Paulina y padezco depresión y trastorno de ansiedad. Pocas veces hablo de esto, porque la mayoría de las veces se estigmatiza a una persona con un padecimiento mental, y con el paso de los años he aprendido a no escuchar a las malas voces que han tratado de demeritarme, como persona o como profesional, por mis padecimientos.

Pocas veces hablo de ello, ahora quiero decir que hoy me siento muy bien, y que el infierno que viví hace unos meses y con certeza durante el verano de este año, por fin terminó. Nunca subestimen el poder de un proceso terapéutico y de un tratamiento bien indicado y conducido. De los dos medicamentos que me recetaron, ya me han dado de alta de uno, y sólo me quedé con una habitual pastilla para manejar la depresión. Me siento tan bien, que a veces se me olvida que tomo psicofármacos. Me siento tan bien, que a veces me da miedo acostumbrarme a este estado, y no darme cuenta que tengo problemas que resolver para poder vivir una vida plena y feliz.

Es un arma de doble filo. Es raro. La ansiedad es como un dolor que camina, y la depresión como una loza sobre la cabeza y la espalda que te aplasta, y que no te permite ver el sol ni sentir ningún tipo de calor. No son ningún chiste, y lo más triste es que las personas demeritan sus efectos y se burlan de los tratamientos. Una de las situaciones más duras que viví, fue que en mi familia no se tomaba en serio que soy una mujer enferma.

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