Me llamo Rocío Paulina y padezco depresión y trastorno de ansiedad. Pocas veces hablo de esto, porque la mayoría de las veces se estigmatiza a una persona con un padecimiento mental, y con el paso de los años he aprendido a no escuchar a las malas voces que han tratado de demeritarme, como persona o como profesional, por mis padecimientos.
Pocas veces hablo de ello, ahora quiero decir que hoy me siento muy bien, y que el infierno que viví hace unos meses y con certeza durante el verano de este año, por fin terminó. Nunca subestimen el poder de un proceso terapéutico y de un tratamiento bien indicado y conducido. De los dos medicamentos que me recetaron, ya me han dado de alta de uno, y sólo me quedé con una habitual pastilla para manejar la depresión. Me siento tan bien, que a veces se me olvida que tomo psicofármacos. Me siento tan bien, que a veces me da miedo acostumbrarme a este estado, y no darme cuenta que tengo problemas que resolver para poder vivir una vida plena y feliz.
Es un arma de doble filo. Es raro. La ansiedad es como un dolor que camina, y la depresión como una loza sobre la cabeza y la espalda que te aplasta, y que no te permite ver el sol ni sentir ningún tipo de calor. No son ningún chiste, y lo más triste es que las personas demeritan sus efectos y se burlan de los tratamientos. Una de las situaciones más duras que viví, fue que en mi familia no se tomaba en serio que soy una mujer enferma.
Pocas veces hablo de ello, ahora quiero decir que hoy me siento muy bien, y que el infierno que viví hace unos meses y con certeza durante el verano de este año, por fin terminó. Nunca subestimen el poder de un proceso terapéutico y de un tratamiento bien indicado y conducido. De los dos medicamentos que me recetaron, ya me han dado de alta de uno, y sólo me quedé con una habitual pastilla para manejar la depresión. Me siento tan bien, que a veces se me olvida que tomo psicofármacos. Me siento tan bien, que a veces me da miedo acostumbrarme a este estado, y no darme cuenta que tengo problemas que resolver para poder vivir una vida plena y feliz.
Es un arma de doble filo. Es raro. La ansiedad es como un dolor que camina, y la depresión como una loza sobre la cabeza y la espalda que te aplasta, y que no te permite ver el sol ni sentir ningún tipo de calor. No son ningún chiste, y lo más triste es que las personas demeritan sus efectos y se burlan de los tratamientos. Una de las situaciones más duras que viví, fue que en mi familia no se tomaba en serio que soy una mujer enferma.
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