martes, 9 de octubre de 2018

Cuando me dormí, soñé contigo...

Querido J,
Encontré las fotos de las que te hablé ayer. No cabe duda de que recordar es volver a vivir, y me ha dado muchísima alegría ver las imágenes y compartirlas contigo. Agregué dos fotos más, de cuando el bebé ya había nacido y le estoy dando pecho con la camisa abierta, de hecho estaba en el atrio de una iglesia, sentada a un lado de la entrada central y recargada en la pared color terracota, sin cubrirme, claro, como todas las veces que di pecho en público. Ahora que lo pienso, parece que en cada cosa que hago cometo un acto de osadía. La primera rebeldía: no querer peinarme nunca. La segunda: querer estar contigo aunque no sea para siempre y con la certeza de que nuestros latidos se han sincronizado al unísono de la lluvia. Con eso me basta. Se me ha ido el apetito. Haber compartido ayer contigo, me ha alimentado y satisfecho más que el alimento mismo. Si fuera posible, lo pasaría todo el tiempo comiendo postres de manzana con helado de vainilla a tu lado... Hoy fui al mercado, y en cada fruta que elegí te vi a ti, compré zarzamoras y tunas, e imaginé el desayuno a tu lado, con el olor penetrante del café espresso recién hecho y lo dulce de la fruta en mi boca.
Siempre te he querido, pero hoy te extraño.

"Cuando mi país te elija como reina,
cuando este país deje de mentirse así.
Tus ojos de india y melena callejera,
tu sueño es el sueño de los que vivimos aquí"...

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